La importancia de practicar las habilidades emocionales en la vida comunitaria, por Alberto Llanos

En la reunión de Lusaka (setiembre, 2016) se habló de la Importancia de practicar  las habilidades emocionales en la vida comunitaria, de lo contrario se corre el riesgo de quedar solo y vivir solo.

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Hermanos reunidos en Lusaka

Es muy importante saber y conocer cómo nos sentimos cada día a  nivel de sentimientos y necesidades. Si reconocemos cómo nos sentimos  esto se convertirá en un hábito. Si cada día me pregunto ¿cómo me estoy sintiendo hoy? Y busco una respuesta, estaré dando un primer paso para vencer los miedos, el dolor y la ignorancia sobre mí mismo.

Es necesario recordar que las emociones no son buenas ni malas, simplemente SON. Nunca juzguemos nuestras emociones  ya que ellas son información de nosotros mismos. Si logramos reconocer nuestras emociones, entonces podemos hacer una auto confrontación de lo que sentimos, pero de manera compasiva.

Somos emocionalmente inteligentes si aprendemos a escucharnos a nosotros mismos, con atención a nuestros sentimientos, reconociéndolos y tratando de profundizar en ellos.

El Active Listening  (escucha atenta/activa) es un buen método para caminar a un mejor nivel de vida comunitaria. Pues nos permite entrar en el dolor, la pena y el sufrimiento de mí mismo y de las otras personas. Escuchar a los otros no es fácil, pero con la práctica podemos mejorar mucho nuestras relaciones y hacer sentir a los demás que son valorados y escuchados desde sus sentimientos, desde lo que son.

La escucha atenta/ activa nos invita a escuchar lo que el otro dice con atención, respeto, acogida cariñosa sin juicios ni llamadas de atención. Tal y como nos gustaría a nosotros ser escuchados, tratados y respetados.

A continuación una sugerencia de películas que podrían ser incluidas en el Plan Comunitario: Gran Torino, 28 Days, Inside Out, of Gods and Men, Invictus, Brooklyn, Up y Spotlight.

P.S. En el Encuentro Nacional de la CBR, el Cardenal Joao Braz,  Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha puesto en primer lugar para la vida religiosa la relacionalidad con Dios, con las personas y consigo mismo.